Encuentro con Hernando Franco (1/5)

Por Octubre 28, 2013
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Gregoire Perra, profesor de filosofía en un liceo de París, ha aceptado la invitación a iniciar las publicaciones de “Ventana al exilio” entrevistando a Hernando Franco, acusado por los Militares de ser el autor intelectual del crimen contra Gloria Lara. Esta entrevista ha sido publicada igualmente en su propio blog.

La vida de Hernando Franco D’Laytz cambió brutalmente, el 18 de diciembre de 1982, cuando se enteró por la televisión que se le acusaba, con otros miembros de su partido político, del secuestro y asesinato de Gloria Lara, una joven funcionaria desaparecida hacía algunos meses y cuyo cuerpo había sido encontrado una decena de días antes. Ese día, con su compañera, tuvieron sólo algunos minutos para decidir entrar en la clandestinidad, dejando a sus hijos con gente de confianza para que los ocultaran, y así los militares no los pudieran utilizar como rehenes. Esta radical y rápida decisión les salvó quizás la vida : algunos militantes de su partido, que no habían tenido la posibilidad de escapar a los militares colombianos, aparecieron algunos días más tarde en los noticieros de la televisión con los rostros tumefáctos, sus voces vacilantes, testimonio de terribles sevicias, confesando un crimen que no habían cometido, exponiendo circunstancias y motivos inverosímiles que les habían sido dictados visiblemente bajo la tortura.

Meses más tarde, Hernando Franco lograba salir de Colombia de manera secreta y obtener el asilo político en Francia, en donde aún reside. Treinta años más tarde, su inocencia y la de otros miembros de su movimiento que lograron salir del país igualmente, no ha sido aún reconocida por la justicia colombiana, a pesar de las decisiones judiciales a su favor. No obstante, Hernando Franco se niega a considerarse como una víctima en sentido tradicional del término, « yo era un militante político. Sabía los riesgos que corría y también de lo que eran capaces los del otro bando » me dice en un tono reposado. « Me esperaba más bien a sufrir un atentado » añade. Sin embargo, cuando lo interrogo sobre el impacto que ha tenido el exilio sobre él, me cuenta, con cierta indiferencia, que al llegar a Francia, sus cabellos comenzaron a caer a montones, resultado de la situación angustiosa que vivió durante meses. Recuerda igualmente con emoción, la reacción de su hija de 11 años, quien había podido reunirse con él en Francia, cuando al abrir ella la puerta a algunos bomberos que habían venido a proponer la compra de calendarios de navidad; retrocedió bruscamente contra la pared de la entrada del apartamento, con los brazos en alto, aterrada por la visión de los uniformes.

Hoy, Hernando Franco vive en un modesto apartamento de dos habitaciones en las afueras de París. El exilio no le ha permitido reconstruir su vida tan facilmente, aun teniendo el asilo político. El país que se ha dejado de manera tan brusca, está enraizado en nosotros. Lejos de las imágenes mentirosas que han querido mostrar tanto la propaganda oficial como los parientes de la víctima del crimen, tratándolo de asesino y de llevar la « dolce vita » en París, Hernando Franco debe por el contrario y con frecuencia enfrentar las rudas dificultades de lo cotidiano. Sin embargo, él nunca ha dejado de afirmar su inocencia y el deseo de lograr su completa rehabilitación delante de la opinión pública colombiana. En varias ocasiones, en estos treinta años, ha creido estar cerca de lograr el objetivo.

Especialmente, en 1992, cuando un « Juez Sin Rostro », después de haber examinado imparcialmente su caso y el de los otros acusados de su movimiento político, a todos los declaró inocentes, no habiendo podido constatar sino enormes incoherencias de la acusación, un sumario vacio y descubrir una aterradora maquinación. Pero, la decisión del Juez Sin rostro fue anulada después, bajo presiones de toda índole. Cuando le pregunto por qué sigue luchando por su inocencia, cuando él sabe que a su edad, tiene pocas posibilidades de volver a vivir en su país natal, me explica, tranquilamente, que se trata de una cuestión de principios.

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